Argentina era el favorito sentimental de la 'semi', el David dispuesto a pelear ante un Golitah que le superaba en todo lo demás: palmarés, potencia, velocidad, experiencia y peso de un colosal pack de delanteros. Los Pumas ya habían hecho historia y tenían la voluntad de continuar viviendo su romance con la ilusión, pero se toparon de bruces con el muro de la lógica.
Inseguros, imprecisos, blandos de manos en las recepciones, concedieron constantes errores ante un rival que los depreda sin compasión. Así se gestó el primer ensayo Springbok: un fallo en un pase de Felipe Contemponi que interceptó Du Preez para llegar en una larga carrera y casi a placer hasta la línea de marca. La historia se repitió dos veces más en la primera mitad, con el rapidísimo Brian Habana y Rossouw como estiletes, mientras el capitán Percy Montgomery mostraba su absoluta eficacia en las transformaciones y golpes de castigo, seguramente la única zurda del mundo comparable a la de Wilkinson, con el que se adivina un duelo fabuloso en la final.
Mientras, Argentina se estrellaba una y otra vez con la solidísima defensa surafricana y sólo era capaz de anotar gracias a los golpes de castigo del mayor de los Contemponi. El 24-6 con que se cerró la primera parte, y sobre todo las opuestas sensaciones que transmitían uno y otro contendientes, ya habían dejado el partido visto parasentencia. La segunda parte sólo sirvió para ver el único ensayo de los argentinos.
La derrota de los Pumas no debe desmerecer su heroica gesta en este Mundial. Argentina no tiene Liga profesional y su marcado acento amateur –aunque algunos de sus jugadores militan en equipos europeos– es un bonito anacronismo respecto a las Seis Naciones del norte y las Tri Nations del sur.
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